TRAFICO ILEGAL DE FAUNA SILVESTRE: ORIGEN DEL PROBLEMA

Víctimas del Tráfico Ilegal: CODEFF rehabilita animales que nunca debieron salir de su hábitat natural.

FLa captura, caza y extracción de animales del medio silvestre para el comercio constituye la segunda amenaza para la supervivencia de especies de fauna y flora, después de la destrucción de su hábitat. Tanto es así que el tráfico de animales silvestres es el tercer mayor comercio ilegal del mundo, superado sólo por el tráfico de drogas y armas.

Como una forma de revertir esta situación, algunos países han prohibido la extracción y el ingreso de especies exóticas y otros han decidido mantener el comercio legal, controlado y restringido a especies no amenazadas. Lamentablemente, a este comercio se suma el impacto del comercio ilícito, cuyo efecto sobre las especies dependerá de la cantidad de animales extraídos y del estado de conservación en que se encuentren a nivel local y mundial.

Dos grandes áreas de acción se destacan en esta actividad. Se trata del tráfico ilegal de especies a través de la importación y exportación de miles de animales, siendo este un negocio muy rentable. La demanda es alta, principalmente en los países desarrollados. Aquí los animales son cotizados especialmente para ser vendidos como mascotas, para exhibición y entretención (ferias locales, tiendas de mascotas, zoológicos, circos, etc). África, Asia, América Central y del Sur, son grandes proveedores y debido a su rica biodiversidad y pobreza, para muchos resulta una fuente de ingresos.

El comercio ilegal de animales silvestres involucra captura, compra y venta al interior de un país. El dinero que se mueve es mucho menor y, generalmente, el número de individuos comercializados también. Un guacamayo en Brasil cuesta entre 8 y 10 dólares, pero una vez en Chile, su precio puede llegar por sobre los $2.000.000, al igual que el de tucanes, loros y otras especies.

El comercio ilegal se basa tanto en la compraventa de animales vivos, por ejemplo para mascotas, como de animales embalsamados o partes de estos. Entre los primeros, los más comercializados son primates, aves acuáticas, rapaces, psitácidos, colibríes, tucanes, passeriformes, serpientes, iguanas, tortugas, lagartos, salamandras, sapos, ranas, peces tropicales y algunos invertebrados como las arañas. Entre los productos más comercializados están: cueros, pieles, marfil; almizcle, carne y piel de avestruz, plumas y aves embalsamadas, caparazones y carne de tortugas marinas, pieles de serpientes, cocodrilos, varanos, ancas de ranas e invertebrados como mariposas y corales.

De 10 animales traficados, sólo 1 llega a destino.

Los métodos de extracción de animales del medio silvestre, así como las formas de transporte y acopio, son los primeros causantes de muerte en el comercio ilícito. Por lo general no responde a los requerimientos dietéticos de los animales, causándoles serios trastornos físicos y hasta la muerte. La captura y el hacinamiento actúan como un disparador de agentes patógenos que en la vida libre no se manifestarían y, como cada especie tiene un sistema inmunológico diferente, las enfermedades pueden acabar con todo un lote antes de que sea comercializado.

En este proceso, y debido a los reducidos espacios, muchos animales se automutilan, se arrancan las plumas o se amputan los dedos de las patas.

Aproximadamente el 50% muere antes de ser vendidos o embarcados al exterior. En vista de esta altísima tasa de mortalidad, el negocio requiere de grandes cantidades de ejemplares y por ello nuevamente son extraídos del medio natural y así suma y sigue.

Los animales que sobreviven son vendidos en tiendas de mascotas, en ferias callejeras o son exportados. En los lugares de venta los ofrecen sin informar sobre sus necesidades de alimentación y ambientación, ni sobre su comportamiento específico. Después resulta, por ejemplo, que el loro arma un escándalo en horas de la madrugada, como lo hacía en su ambiente natural, muerde a su dueño, o no quiere alimentarse. Otros aspectos que se descuidan son el control médico, así como sus necesidades sociales y sexuales. Debido a esto, finalmente los animales silvestres en las urbes terminan perdidos, se escapan, son regalados y hasta abandonados. Más frecuentemente de lo que se cree mueren al poco tiempo de ser comprados, víctimas del estrés del cautiverio, depresión o por enfermedades que hasta pueden ser transmisibles a los seres humanos.

Una vez que son decomisados por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), dentro del país o en sus fronteras, o son entregados voluntariamente, los animales son llevados a un lugar especializado en donde esperan un destino. En el caso de animales exóticos, son destinados al Zoológico Metropolitano o a un centro especializado, según la especie que se trate. Después son devueltos a sus países de origen o se busca un destino dentro del país.

Los animales silvestres nativos son trasladados de forma preferente a centros de rescate y rehabilitación. En este contexto se inserta el Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre de CODEFF.