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Para que el habitante del planeta pudiera imaginar el paraíso el cisne cuello negro, un día quiso bajar desde la cola de un cometa.
Cuando llegó a posarse en el estuario el hombre, admirador de su belleza, sintiendo a Dios en su naturaleza, las aguas proclamó como santuario.
Pero, la industria, hostil con todo aquello que ante su producción no se postraba envenenó aquel agua en que nadaba, mató sin compasión al cisne bello.
Te ruego ser humano, más conciencia, pues sólo los parásitos destruyen de un ave tan magnífica la esencia.
Ángeles y demonios de ti huyen, pues todo lo aniquila tu presencia, y por tanta maldad que te atribuyen, sufrida habrá de ser tu penitencia.
José Miguel Torres Fuentes